NACIONALIDAD HUAO HUAORANI
Fuente: Nuestro Proceso Organizativo,
Edición CONAIE
Descargue documento completo
Habitamos desde tiempos inmemoriales la región Amazónica. Nuestro territorio tradicional se extendía a lo largo de aproximadamente 20.000 Km2 desde el río Napo al norte, hasta el río Curaray al sur. Durante la época colonial nuestros contactos con los invasores españoles fueron muy esporádicos y se dieron especialmente con misioneros jesuitas. A finales del siglo XIX y principios del XX tomó auge la explotación del caucho, materia prima que "para nuestra desgracia" se encontraba en gran cantidad en nuestro territorio. Los caucheros nos cazaron como bestias salvajes para obligamos a trabajar en la explotación del caucho o para ser vendidos en los mercados de Iquitos y Manaos. Durante este tiempo nuestra población disminuyó mucho debido a los malos tratos y enfermedades a las que estuvimos expuestos. Ante esta situación nuestra única alternativa era defendemos, dar muerte a los caucheros y sus empleados antes de ser capturados y luego adentramos selva adentro en busca de refugio. Nuestra justa reacción dio pábulo a que ya se nos empiece a mirar como un pueblo de "salvajes", "indomables", y que se justificara la esclavitud y la muerte a las que estábamos sometidos.
Hacia los años de 1940 la compañía petrolera Shell entró en nuestro territorio para realizar prospecciones petroleras Con nuestras lanzas tuvimos que enfrentamos a las armas de los trabajadores. Murieron muchos hombres de nuestro pueblo, pero las noticias únicamente dan cuenta de la muerte de los trabajadores de las petroleras. Los huao no importamos.
Hasta la década del 50 todavía nos sentíamos dueños y señores de nuestro territorio tradicional, éramos un pueblo libre. Vivíamos en pequeños grupos familiares y si bien entre todos estábamos entrelazados por relaciones de parentesco, preferíamos el aislamiento, pues así, los recursos de la naturaleza (caza, pesca y frutos), combinados con la práctica de la horticultura itinerante
nos permitía auto-abastecernos sin problemas. Aún ahora, pese a las limitaciones territoriales que tenemos, hacemos lo posible por mantener varias chacras en diferentes momentos de producción, de manera tal, que nunca nos falta alimento; cambiamos de residencia de acuerdo como van madurando los alimentos y a las posibilidades de caza y pesca. Esta técnica agrícola y como la aplicamos, no es entendida ni reconocida por la sociedad nacional, en tanto se cree que agricultura solamente es la intensiva y la dedicada al mercado, y por esta incomprensión, no sólo a nosotros, sino a las nacionalidades indígenas amazónicas se nos ha tildado de "nómadas" y que vivimos en la época "paleolítica".
A partir de 1950 numerosas misiones evangélicas empiezan a tratar de entablar relación con nosotros, pero son los misioneros norteamericanos del Instituto Lingüístico de Verano (ILV), que habían firmado un convenio con el gobierno ecuatoriano en 1952, los que se establecen permanentemente en Limoncocha, donde construyeron su base de operaciones. A pesar de que los norteamericanos entraron como "lingüistas", su objetivo principal fue el de llevar la palabra de Dios a los "salvajes aucas". Los misioneros utilizaron avionetas para buscamos en la selva y arrojamos diversos "regalos". También nos hablaban por alto parlantes, irrumpiendo con este ruido constante la tranquilidad de nuestra vida. Esto es lo que se conoce como presión sicológica.
Además en este acoso utilizaron a algunos de nuestros hermanos como intermediarios en el contacto con nosotros, este es el caso de Dayuma y sus hermanas que habían sido contactadas por el ILV mientras trabajaban como peones en una hacienda. A finales de la década del 50 Dayuma y otros compañeros huao fueron llevados a Estados Unidos para ser exhibidos en la televisión y demostrar cómo el ILV había convertido a los "salvajes" en cristianos.
De esta manera, poco a poco, los miembros de diferentes grupos huao, baihuari, huaperi, guequetari, piyemoire, entramos en contacto con los misioneros del ILV.
Así los misioneros se convirtieron en nuestros tutores. Ellos nos enseñaron una nueva religión, nuevos valores, nos obligaron a vestir, nos nuclearon cambiando nuestra forma de asentamiento. Estos contactos fueron la causa de que nos contagiáramos de enfermedades para las que no teníamos defensas, como fue el caso de la poliomielitis que ocasionó varias muertes y dejó paralíticos a otros.
En 1969 el Gobierno nos concedió una zona de protección de más o menos 1.600 km2, que constituía el 6% de nuestro territorio tradicional. Debido a la limitación de tierra, empezó a desaparecer la caza y la pesca por lo que la necesidad de dinero para comprar alimentos se hacía cada vez más imperiosa, obligándonos a la mayoría de los huao a trabajar con las compañías petroleras donde somos mal pagados. Así también nuestras mujeres empezaron a trabajar como domésticas con los colonos.
En la actualidad existen algunas comunidades como Toña Empari, Dayuno, Tzapino, Curaray y Tihueno. Cada día nuestra situación es más dramática. Los misioneros del ILV abrieron el camino para las compañías petroleras que han acelerado su trabajo de exploración y explotación de petróleo. Con las carreteras abiertas por estas empresas, muchas de ellas en nuestra zona de protección, se han sentado las bases para que cada vez penetren mayor
número de colonos, que nos quitan nuestra tierra y hasta nos disputan las oportunidades de trabajo.
El constante asedio y la agresión a la que hemos estado sujetos, a hecho que el pueblo huao reaccione y se defienda, porque en ello va nuestra supervivencia. Nosotros no queremos riquezas ni poder. Defendemos nuestra vida y la de nuestros hijos al igual que cualquier otro ser humano. Nuestra lucha en los últimos años ha encontrado eco y solidaridad en las
organizaciones indígenas, especialmente en la CONFENIAE, la cual del 9 al 1 de julio de 1987 realizó un seminario para reflexionar sobre nuestros problemas, buscando una alternativa para solucionarlos y evitar que desaparezcamos. Además nos ha ayudado en la construcción de cinco aulas escolares (una en cada comunidad) y de un centro de salud en Toña Empari.
Nuestra lucha ya no es solitaria, el puedo indio ecuatoriano está con nosotros.